Durante mucho tiempo mi cartera fue solo una cosa: acciones de calidad pagando dividendos crecientes, año tras año, sin prisa. Es una filosofía que sigo defendiendo y en la que sigo creyendo.
Pero hace un tiempo empecé a hacerme una pregunta incómoda: si mi objetivo es llegar a la libertad financiera en 2027, ¿llego a tiempo? ¿tiene sentido esperar a que el dividendo crezca solo, cuando hay formas de acelerar la renta sin renunciar a la calidad del patrimonio?
Ahí entraron en mi cartera dos piezas que antes miraba con cierta distancia: los ETFs de alto reparto y las primas de opciones.
Por qué cambié de opinión sobre los ETFs de alto dividendo
Durante años pensé que los ETFs de reparto elevado eran una trampa para impacientes: rendimientos altísimos sobre el papel, pero a costa de erosionar el capital con el tiempo. Y en parte sigo pensando que hay que elegirlos con cuidado, no todos son iguales.
Lo primero que comprobé antes de meterme fue precisamente eso: que el NAV no se deteriorara. El NAV es el valor del activo subyacente del ETF. Si un ETF te paga un 12% anual de dividendo pero el NAV cae un 8% cada año, lo que estás haciendo es cobrarte a ti mismo. Te devuelven tu propio dinero disfrazado de renta, y eso no tiene ningún valor. Allá por 2024 se pusieron muy de moda algunos que llegaban a dar un 20-30%....
Los ETFs que acabé eligiendo no solo no deterioran el NAV, sino que en los últimos años lo han visto crecer. Ese fue el criterio que me hizo pasar de verlos con escepticismo a darles un papel importante en la cartera.
Pero entendí algo más: mi objetivo no es solo acumular patrimonio para siempre, es llegar a un punto concreto en un tiempo concreto. Y para eso, una parte de la cartera dedicada a generar renta alta y predecible cada mes, aunque crezca menos a largo plazo, tiene sentido si adelanta la fecha en la que dejo de depender de otros ingresos.
No reemplazaron a mis acciones de dividendo creciente. Se sumaron como una pieza distinta, con un trabajo distinto: generar caja ahora, no patrimonio dentro de veinte años.
Los ETFs concretos: qué son y qué generan
El primero que metí fue el JEPQ, de JP Morgan. Es un ETF sobre el Nasdaq 100 que combina los dividendos de las empresas que lleva dentro con las primas que genera vendiendo calls cubiertas sobre esas mismas posiciones. El resultado es una distribución mensual que ha estado entre el 10% y el 12% anual de forma sostenida.
Para mí tenía un atractivo adicional: cubrió el hueco tecnológico de mi cartera. Los inversores en dividendos crecientes casi nunca tenemos exposición real a tecnología, porque las tecnológicas reparten muy poco. Con el JEPQ tengo el Nasdaq 100, con sus Apple, Amazon, NVIDIA, Meta, y encima cobrando una renta mensual relevante.
El problema del JEPQ, que tardé en entender bien, es lo que le pasa en entornos muy alcistas. Cuando una empresa dentro del ETF supera el precio de ejercicio de la call que JP Morgan ha vendido, tienen que entregar esas acciones. Y para mantener el peso del Nasdaq 100 tienen que recomprarlas más caras. Pierden parte de la subida. En mercados laterales o con alta volatilidad, funciona fenomenal. En una subida fuerte sostenida, se queda corto. En estos momentos el Nasdaq no logra superar máximos históricos y ademas hay mucha volatilidad con lo que obtiene grandes primas. Como ejemplo, mira lo pagado en julio de 2026 (0,64$/acción)
Por eso llegaron los sustitutos: el ROCQ y el ROCY, de BCS (se añaden los spreads). Lo que hacen diferente es que no solo venden la call, también compran otra call por encima, cubriendo esa pérdida en la subida. Técnicamente es una estrategia mejor para entornos alcistas sin sacrificar demasiado la renta. Otra opción equivalente es el SPYI de Neos, que aplica la misma lógica sobre el S&P 500 y tiene un historial sólido.
Todos estos son ETFs americanos, no UCITS. Para comprarlos desde España hay que tener un broker que los dé acceso, como Interactive Brokers. La mayoría ya tienen versión europea, y en los que aún no existe es probable que lleguen.
Un criterio que aplico siempre antes de meter dinero en cualquiera de estos: liquidez. No me interesan ETFs con 200 o 300 millones bajo gestión. El JEPQ supera los 30.000 millones de dólares. El SPYI anda por los 8.000 millones. Eso garantiza que puedo entrar y salir cuando quiera sin mover el precio. Sin embargo, he hecho una excepción con la última entrada a la cartera, el JEPE (exposición a empresas europeas que cojeaban en mi cartera).
Las primas de opciones: la pieza que no esperaba
Si los ETFs de reparto ya cambiaron mi forma de pensar, las opciones lo hicieron todavía más.
La estrategia es sencilla en concepto: vendo puts sobre activos que ya quiero tener en cartera, cobrando una prima. Si el precio baja hasta mi precio de ejercicio me asignan las acciones —y estoy de acuerdo con comprarlas a ese precio—. Si no baja, me quedo la prima y repito. También vendo calls cubiertas sobre posiciones que ya tengo, generando otra capa de ingresos.
La regla que sigo siempre: nunca vendo una put si no tengo el dinero en el broker para que me la asignen. Nunca vendo una call si no tengo las acciones. Si me asignan, tiene que ser algo que yo haya decidido previamente, no una sorpresa.
Con lo que puedo dedicarle ahora —básicamente entro al broker, reviso, opero y salgo, unos 30 minutos— estoy generando en torno a 600-700 dólares al mes sobre un colateral de unos 45.000 dólares. Eso es un mínimo del 15% anualizado sobre el capital comprometido. Conservador para lo que da el mercado de opciones, pero es el nivel con el que me siento cómodo mientras sigo con el resto de mis actividades.
Cuando llegue la IF y tenga más tiempo, ese número puede escalar. Es una de las partes de la estrategia que más margen de crecimiento tiene a futuro.
El pivot que decidí hacer: la nueva distribución
A principios de 2025 hice algo que me costó bastante: simplificar. Tenía casi 60 posiciones abiertas, muchas con poco peso real en la cartera, y decidí limpiar a fondo. Pasé de 58 empresas a 40. Las que de verdad aportan, sin ruido.
Esa limpieza liberó capital, y ese capital tenía un destino claro. La nueva distribución quedó así:
- 50% en acciones de dividendo creciente de alta convicción. Las que llevan más de una década aumentando el dividendo, con free cash flow sólido y payout sostenible. El yield cost de esta parte de la cartera está ya en el 5% y pico sobre mi precio medio de compra. Seis años de reinversión hacen eso.
- 35% en ETFs de alto reparto mensual. JEPQ, ROCQ, SPYI y similares. Generando entre el 10% y el 12% anual, distribuido mes a mes. Esta es la pieza que acelera la renta sin esperar a que los dividendos crezcan solos.
- 15% en liquidez, como colateral para opciones. No es liquidez ociosa. Está trabajando como garantía para las ventas de puts. Siempre disponible, siempre generando algo.
El resultado es una cartera con tres velocidades distintas: la parte DGI crece despacio pero con mucha solidez, los ETFs generan caja inmediata, y las opciones añaden una capa de ingresos activos que depende de mi tiempo y mi disciplina, no del mercado.
Lo que esto cambia en mi cuenta atrás hacia la IF
Cuando uno solo cuenta con dividendos crecientes, el reloj de la libertad financiera lo marca el mercado, a su ritmo. Cuando se añaden ETFs de alto reparto y primas, parte de ese reloj empieza a marcarlo uno mismo.
Sin este pivot, mi proyección me llevaba a 2029 o 2030. Con él, 2027 es alcanzable. No es magia, es matemática: calcé lo que me faltaba de PADI —dividendo anual estimado— y encontré la palanca que lo cubría en el plazo que necesitaba.
No sé si esto adelanta la fecha en meses o en años exactos, porque el mercado tiene su propia opinión. Lo que sí sé es que cada euro que entra por estas dos vías es un euro que no tengo que esperar a que llegue por sí solo. Y cuando uno está contando los trimestres que le quedan, eso pesa más de lo que parece sobre el papel.
Lo que viene en el siguiente artículo
Ya tienes el mapa completo de cómo tengo estructurado el patrimonio: dividendos, inmobiliario, ETFs y opciones.
En el próximo artículo juntas todo: cuánto genera cada pata, qué necesito exactamente para ser IF en 2027, y cómo es el plan desde el día en que llegue hasta los años siguientes.
Y sí, también hablaré de qué pasa si no llego exactamente en esa fecha. Porque la IF no es un interruptor que se enciende o se apaga. Es un proceso. Y conviene entenderlo así desde el principio.
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